Bio

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Nadie debería ponerse siempre los mismos zapatos negros. Solo jugando se aprende a soñar. Chie Mihara no cree en las barreras estéticas ni culturales. De padres japoneses, nació en la bohemia y colorista Porto Alegre, en el sur de Brasil, en 1968. Con 18 años hizo las maletas para estudiar moda en la escuela de diseño en Fukuoka, Japón. Tras graduarse, se mudó a Tokio, donde entró a formar parte del taller de Junko Koshino, una diseñadora vanguardista que entendió que la creatividad es un ejercicio de identidad personal que no necesita explorar universos ajenos. Durante dos años, Chie fue su asistente y patronista. Todavía la llama «sensei».

Ya entonces su relación con la moda era en una historia de ilusión y desencanto, de pasión y hastío. Por eso decidió dejarlo, irse a Nueva York y aventurarse en la escultura. Duró poco. Cinco meses después, la moda volvió a llamar a su puerta en forma de zapato, un accesorio en el que encontró el equilibrio perfecto entre moda y arte. Se matriculó en el prestigioso Fashion Institute of Technology de Nueva York, donde se especializó en complementos. El siguiente paso –tan sensato como insólito– fue trabajar en una tienda de ortopedia, donde aprendió a respetar los pies (tantas veces olvidados y torturados).

Tras una etapa de dos años en el departamento de diseño de zapatos de Sam & Libby y con la mente ya en Europa, empezó a colaborar con Charles Jourdan, la célebre maison francesa de calzado de lujo. De la mano de esta empresa, dio el salto a Elda, en Alicante, en 1994. Trabajó para ellos durante dos años. Tres hijos y tres años y medio después, decidió dar el gran paso y crear su propia marca, junto a su marido y con el apoyo del fabricante. Era diciembre de 2001. Hoy al frente de la empresa sigue solo el matrimonio: su marido Francisco Sanchis como CEO, y Chie como directora creativa. 17 años, 34 colecciones y miles de escarpines, botines y sandalias que demuestran que hay vida más allá de los básicos.

Apología de la belleza (y la comodidad)

«El mejor par de zapatos es el que usas hasta destrozarlo», nunca el que te destroza los pies. Hace tiempo que descubrimos que incluso el tacón más sexy puede ser cómodo y que la sensualidad de un zapato no está reñida con la apretada agenda de la mujer que lo lleva. Nadie necesita otro par de escarpines solo para caminar. Queremos diseños que dibujen una sonrisa y nos lleven más lejos y más alto. Porque un zapato puede ser una plataforma maravillosa para hacer realidad los sueños, ser feliz y sentirse bella.

Universo Personal

Ningún otro complemento crea un vínculo emocional tan estrecho. El zapato es una forma de expresión. Un trozo de felicidad para quien lo compra; una parte de su vida para quien lo crea. Los zapatos de Chie Mihara no quieren ni necesitan pisar la pasarela. La inspiración es mucho más íntima. Cada diseño es el reflejo de horas de experimentación, jugando con los cortes, las líneas, los materiales, las combinaciones, el tacón, la horma… No hay referencias a viejos archivos ni miradas furtivas a las tendencias (que todo lo uniformizan). Libre de influencias externas, en su estudio, la diseñadora da alas a la imaginación y bucea en su universo propio e íntegro de ensoñación, feminidad y alegría.

Sin miedo a la diferencia

Romper con lo establecido siempre es más divertido. Cuando se trata de dejar huella, la audacia es el primer paso. Los zapatos de Chie Mihara son femeninos, pero también alegres, sorprendentes, caprichosos. El proceso creativo es también único e intuitivo, más cercano al de un artista que al de un diseñador al uso.

El valor de la artesanía

La autenticidad tiene su propia horma. Chie Mihara revindica el valor y el saber hacer de los artesanos zapateros, un oficio que pone su mimo e interés en todos los detalles de la confección: la suela, el tacón, la horma… Vivir y fabricar en Elda es una forma de preservar este conocimiento, que identifica el diseño made in Spain.